dimarts, 22 de març de 2011

El silencio.

El silencio es una sala de espera vacía. O llena de almas vacías. Y la antesala del rechazo y el odio.

El silencio en sí mismo es indiferencia, pero también la sentencia del que otorga.
Es la separación del Pangea, el distanciamiento lento pero irreversible del que se aleja.

El silencio es un susurro en los sueños de uno mismo. Un murmullo en el tumulto. Unas palabras necias. Un grito a la desesperanza. A la esperanza de nadie. El silencio es el llanto ignorado.

El silencio es la luz urbana que extingue las estrellas, la cara oculta de la luna, el rayo que no viene seguido de estruendo.

El silencio es el chapoteo de un amor lanzado por la borda a un mar en calma en una noche en calma: prescindible, invisible, alquitranado.

El silencio es un afilador de guadañas.

El silencio es alguien que vierte su sangre en la carretera. El buen vecino, el buen padre, el buen amante, el buen amigo. Y un “nunca te olvidaremos”.

El silencio es no jugar las cartas en tu destino, caminar sin hacer camino y olvidarse de las entrañas.

El silencio es una botella de vino sin descorchar. Y el tapón que se desecha con toda su esencia una vez abierta.

El silencio es corrosión cuando se desgasta el barniz.
Y un lienzo vacío, una naturaleza muerta, una sábana yerma…

El silencio es un grano en un reloj de arena sin vuelta. Una maneta de un reloj de cuerda sin mecanismo, manivela ni rueda.

El silencio es un diario personal. Un libro dedicado que no leíste. La indiferencia ante un poema.

Josep Martínez.

Hacer una referencia a “The sound of silence” de Simon & Garfunkel es obligado llegados a este punto. Pero la sugerencia musical va en sentido opuesto: una más de las perlas de Coldplay, para todos aquellos que las vamos saboreando poco a poco y paso a paso:

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